La Transfiguración - ciclo B:
Descubrir las promesas de Dios
Celebramos hoy la Transfiguración del Señor. Jesús va a comenzar su camino hacia Jerusalén, donde le espera el dolor y la cruz. Quiere dar fortaleza a sus discípulos antes de ponerse en marcha. Toma consigo a los más íntimos, los mismos que estarán con Él en el Huerto de los Olivos, para que vean su rostro transfigurado. Les da así un adelanto de la resurrección, como diciéndoles: cuando veáis que sufro el desprecio y soy insultado por todos, recordad cuál es la meta final. Del mismo modo, la madre que da a luz piensa en el gozo del niño nuevo que nacerá de ella y pronto tendrá en sus brazos.
Jesús te invita hoy también a mirar con ojos de transfiguración. Nos ocurre a veces como los burros a los que ponen anteojeras para que solo miren los cuatro pasos que tienen delante. No son capaces de ensanchar la vista y ver el resto del paisaje.
Una experiencia parecida: una noche oscura durante la tormenta. De vez en cuando, un relámpago lo ilumina todo y podemos ver, no solo el trozo de tierra que está enfrente, sino el camino entero, tal vez arduo y difícil, pero con la meta esperada al fondo.
La fiesta de la transfiguración nos invita a mirar las cosas de una forma nueva, con la mirada de la esperanza. En todas las cosas de tu vida hay una promesa de Dios. Si caminas según su voluntad, esa promesa se hará realidad. Pero si pierdes la mirada profunda, si te fijas solo en lo que hay a simple vista, como el burro con anteojeras, nunca alcanzarás lo prometido.
Piensa en cada miembro de tu familia. La forma en que los miras cambiaría si supieras ver en ellos una promesa de Dios. Tal vez ahora tengan muchos defectos, parezcan poca cosa... Lo que ves en ellos parece todo oscuro y gris. Pero, ¿y si comprendieras los planes que Dios tiene sobre ellos? ¿Y si creyeras que, dándoles confianza y tiempo, pueden crecer y cumplir todas las promesas?
Usamos, a veces, esta expresión: “no hay más cera que la que arde”. Creer en la transfiguración significa, como decía un filósofo, pensar que esto no es verdad: que hay mucha más cera que la que arde, muchos más caminos para mejorar en nuestra vida, muchas más formas de hacer crecer a nuestros hermanos y amigos, muchas más maneras de acercarnos a Dios.
Jesús nos da hoy un adelanto de la resurrección, de lo que ocurre
al final del camino. El Padre dice desde el cielo: “Escuchadle. En Él
me complazco”. Pidámosle el don de poder mirar a toda las cosas
de la vida como una promesa, como algo que puede dar más de sí,
siempre que queramos caminar con Jesús. Creamos que podemos crecer y
el Señor hará grande todo lo que tenemos.
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