XIV Semana, ciclo C:

 

No llevéis una bolsa, llevad una fuente

En el evangelio de estos días estamos acompañando a Jesús hacia Jerusalén. Allí entregará su vida por nosotros. Hoy vemos que el Señor envía delante de Él a setenta y dos discípulos para que preparen su camino. "La mies es mucha" – dice – "y los obreros pocos..."  

Setenta y dos es, según el libro del Génesis, el número total de naciones de la tierra. Al mandar setenta y dos discípulos Jesús está diciendo que su misión es universal, que es un mensaje válido para todo hombre en todo lugar. Los cristianos no estamos llamados a vivir el evangelio para nosotros solos, sino a propagarlo por el mundo, en cualquier situación y circunstancia, en nuestro trabajo y estudio, en nuestro ocio y en nuestras celebraciones.    

¿En qué consiste esa misión? Se trata de transmitir la paz: "cuando entréis en una casa, decid: paz a esta casa." Paz quiere decir concordia, unidad, amor. La paz verdadera, la que dura, no significa solo que no hay discusiones ni peleas, sino que estamos unidos con un amor fuerte, el amor de Jesús.  

La primera lectura nos habla de Jerusalén, que es la ciudad escogida, el hogar donde los hombres pueden vivir unidos y adorar a Dios. Jesús va hacia Jerusalén, que ahora se ha convertido en ciudad de guerra y odio; pero con su amor hasta la cruz, Jesús nos dará una Jerusalén nueva, donde todos los hombres estarán unidos. Esta Jerusalén será una madre, una verdadera familia, que lleva a los hijos en brazos y los consuela sobre sus rodillas.  

Cada familia cristiana tiene que ser como una pequeña Jerusalén desde donde la paz se siembre en todo el mundo. Para dar esa paz, el discípulo de Jesús tiene que estar lleno de ella. Por eso la familia es también el lugar donde se aprende la paz, el lugar desde donde somos enviados. Es imposible ser hombre de paz, transmitir paz a nuestros compañeros de trabajo y amigos si no la vivimos primero en nuestra casa, si no somos "hijos de paz".  San Agustín se pregunta: ¿por qué manda el Señor a los discípulos ir sin bolsa ni alforja por el camino? Y responde: la bolsa es el lugar donde se recibe y almacena. Pero en la misión cristiana no vamos a almacenar, a guardar cosas en nuestra bolsa, sino a dar, a ser una fuente de paz para los demás. No camines por el mundo con una bolsa, sino con una fuente. Y esa fuente tiene que ser tu familia. ¿Quieres convertirla en un manantial de amor, de donde los demás puedan beber? Para ello, acerca tu familia a la Eucaristía, haz que reciba "las marcas de Jesús," como dice Pablo en la segunda lectura. Son las marcas de su amor, marcas que se grabaron con sufrimiento, de donde brota paz para todo el mundo.

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