Pentecostés

Pentecostés

Al oír esta palabra todos pensamos en las llamas de fuego que se posaron sobre los Apóstoles. El fuego es símbolo del Espíritu, que viene también como un viento huracanado. Los discípulos pierden el miedo y se lanzan a predicar el evangelio del que antes se habían avergonzado.

Nosotros también recibimos el Espíritu, la llama de fuego. Ahora bien, tenemos un peligro al celebrar esta fiesta: quedarnos con las grandes manifestaciones de poder y olvidarnos de lo más profundo que obraba el Espíritu. De nada habrían servido las muchas conversiones que ocurrieron aquel día, si hubiera faltado el amor profundo que hacía de todos los cristianos una sola alma y un solo espíritu.

El fuego es símbolo del Espíritu porque tiene muchas formas. Hay llamas de distintos colores, de distinta altura y fuerza, de distinta utilidad. Comparemos, por ejemplo, un incendio forestal, con las llamas de una vela que alumbra la casa. De la misma forma hay muchos formas en que el Espíritu actúa en nuestra vida y en la Iglesia. Pero nunca debemos olvidar que la principal obra del Espíritu es la caridad, un fuego que muchas veces permanece oculto.

Hay en algunas casas antiguas de Castilla un ingenioso sistema de calefacción. La chimenea, en vez de estar justo encima de la cocina, se encuentra al otro lado de la casa. Así, el calor se hace circular por debajo del suelo, que es hueco y está algo elevado sobre el nivel de la cocina. Al sistema, por la agradable sensación que produce, sobre todo en las duras noches de invierno, se le ha llamado “gloria”.

Pentecostés te invita hoy a avivar un fuego parecido en tu vida. Es un fuego invisible, nadie lo ve; en vez de buscar las alturas, como las altas llamas de la hoguera, se abaja para que todos lo pisen. Pero es el fuego más útil, el que más calienta, y hace que todos los miembros de la casa – tu mujer, tu marido, tus hijos – se encuentren a gusto, a veces sin saber por qué, por el mero hecho de que la “gloria” funciona.

Este fuego está representado especialmente por la Virgen María. Pentecostés es especialmente su fiesta. Ella está presente en el Cenáculo, pero su presencia pasa desapercibida. Sin embargo, comunica lo más importante del día de hoy, el corazón de la fiesta: una vida entregada en amor y servicio.

¿Quieres saber si tienes el Espíritu? ¿Quieres hacer que el Espíritu venga a tu vida? El fuego que más calienta es el que menos se ve. Jesús, en el evangelio, relaciona el don del Espíritu con el poder de perdonar los pecados. Acuérdate del fuego humilde de la “gloria” de Castilla. Haciéndote pequeño, acogiendo de nuevo al hermano que te ofendió, dándole vida y calor, harás de cada día un nuevo Pentecostés.

 

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