Domingo de la Trinidad, Ciclo C:
Domingo de la Trinidad
Celebramos hoy la fiesta de la Trinidad. Es un misterio que nos parece muy complicado, pero que es sin embargo muy sencillo. Un sacerdote explicaba de este modo cómo había él experimentado la presencia de Dios cuando era pequeño, en su familia, y había así escuchado la llamada a dedicarse totalmente al Señor.
Cuando llegaba la tarde, su padre volvía de la dura jornada de trabajo. Entonces toda la familia se reunía para rezar el rosario. Su padre rezaba de rodillas, con los ojos cerrados y gran devoción. Este sacerdote decía: entonces aprendí lo grande que es Dios. Mi padre, un señor tan importante y con tantas cosas que hacer, al concentrarse con tanto respeto y dedicar este tiempo a rezar, me enseñaba lo inmenso del misterio de Dios.
Por otro lado, la madre era una mujer siempre atareada, porque aquella familia era muy numerosa. La madre rezaba también el rosario, pero lo hacía sin dejar de trabajar, zurciendo descosidos o preparando la ropa de sus hijos. Aquel sacerdote decía: Aprendí de mi madre lo cercano que es Dios, un Dios al que se puede rezar mientras se trabaja en medio de los quehaceres de casa.
Este es el resumen de lo que aquel hombre aprendió sobre Dios: alguien muy grande y muy importante, a quien se reza con mucho respeto; y a la vez alguien muy cercano y muy entrañable, que nos acompaña en las pequeñas cosas de la vida. Y este es el misterio del Dios cristiano, de la Trinidad, que celebramos hoy: es alguien que es a la vez grande y pequeño, que está muy lejos y que también está cerca, que vive arriba en el cielo pero que baja a la tierra.
¿Cómo es esto posible? ¿No es una contradicción? ¿Quién puede ser a la vez grande y pequeño, quién puede estar a la vez cerca y lejos, quién puede encontrarse al mismo tiempo dentro y fuera? La respuesta es muy sencilla: solo el que ama. El amor a la vez es algo que nos hace salir de nosotros mismos y al mismo tiempo algo que está muy dentro de nosotros. El amor es algo que nos eleva hasta las nubes, y a la vez el amor es humilde, no le importa hacerse pequeño y abajarse.
El Dios Trinidad es el Dios amor: el Padre ama al Hijo, el Hijo ama al Padre, y el amor que los une es el Espíritu Santo. Porque es amor, la Trinidad es infinita, enorme, nos invita a levantar los ojos arriba y a crecer. Pero a la vez, porque es amor, la Trinidad baja hasta nosotros, se hace pequeña: el Hijo viene al mundo y muere en una cruz para salvarnos.
Solo cuando sabemos quién es Dios podemos entender quién es el hombre. Como rezamos hoy en el salmo: ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Es decir: ¿quién soy yo? ¿para qué sirve mi vida? ¿de dónde vengo y adónde voy? La respuesta no hay que decirla con palabras, sino con obras. Confiesa con tu vida, con tus acciones concretas, que Dios es amor. Pon tu mirada en el cielo y ten un corazón humilde que sienta compasión por tus hermanos. Aprende a subir haciéndote pequeño. Imitarás a Dios Trinidad y entrarás en el Amor de Dios.
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