Sexto Domingo de Pascua (ciclo C):
Dios construye un hogar
El hombre moderno es un hombre sin hogar. Vive preocupado solo por el trabajo, va siempre con prisa de un lado a otro. Tanto es así que ha hecho del mundo una gran fábrica, un lugar frío e impersonal. Un hogar, por el contrario, es el sitio donde nos encontramos a gusto, donde somos nosotros mismos. En el hogar la persona es bien recibida tal como es, a pesar de sus faltas: en el hogar se encuentra perdón por cuanto hemos hecho de malo.
También a nosotros nos falta el hogar. Por eso nos alegra escuchar la frase de Jesús en el Evangelio: “vendremos a él y haremos morada en él.” Si cumplimos las palabras de Jesús, el Padre y el Hijo vendrán a nosotros y convertirán nuestra vida en un hogar. El mensaje de la Resurrección es precisamente ese: Dios quiere convertir otra vez todo el mundo en un hogar, un sitio donde se nos recibe y se nos perdona.
Lo que Jesús nos dice es que quiere darnos la fuerza para transformar nuestra vida en un hogar. Él habla, en primer lugar, de nuestro propio corazón. Quiere transformarlo en un sitio donde los demás se encuentren acogidos como son, donde todos puedan encontrar una casa. Muchas veces quien se acerca a nosotros se encuentra un muro sin puertas y un cartel de “no molestar.” Cristo quiere transformarte para que tu mujer, tu marido, tus hijos, encuentren en ti una casa confortable donde se encuentren a gusto.
Cristo quiere transformar también en un hogar el amor entre marido y mujer. Ese amor es la casa de los hijos. Si quieres darles un hogar verdadero no te preocupes por tener una casa muy grande o con muchos adornos: el amor a tu marido o mujer tiene que ser el muro firme donde se sostenga tu casa. He aquí el verdadero hogar donde tus hijos pueden crecer.
La segunda lectura nos habla de la nueva Jerusalén, que desciende del cielo. En esa ciudad no habrá Templo, porque el mismo Dios y el Cordero será Templo de los hombres. Dios no solo quiere venir a ti para convertir tu vida en un hogar. Te ofrece también que tú entres en Él, que Él mismo sea tu hogar. La Iglesia se convierte en la casa donde Dios nos invita a entrar, donde Él mismo se transforma en nuestra casa.
Entra en la Iglesia, la casa de Dios, para que Él pueda hacer de tu vida un hogar, una morada. Si quieres aprender a acoger a los tuyos, ven a la Eucaristía para ver como Jesús te acoge. Si quieres que en tu casa haya perdón, acércate al sacramento de la confesión para saberte perdonado por Jesús. Si entras en la casa de Dios, el mismo Dios vendrá a tu casa, para convertir tu familia en un verdadero hogar.
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