Cuarto Domingo de Pascua (A)

 

Los cerrojos de la Pascua

Hoy nos dice Jesús en el Evangelio: “Yo soy la puerta”. Si nos fijamos bien, la Pascua, celebración de la Resurrección de Jesús, está llena de puertas.

Tenemos, en primer lugar, la puerta que cerraba el sepulcro. Era una puerta pesada, de piedra maciza. Las mujeres que se acercaron de mañana no sabían cómo podrían pasar. Hay muchas puertas de este tipo en nuestra vida. Son obstáculos que parecen cerrarnos el camino. Perdemos un trabajo, nos ocurre un accidente, llega una enfermedad. Parece que el camino se cierra, pero entonces llega Jesús y nos dice: con mi resurrección, todas esas piedras pesadas pueden desaparecer. La fe te abrirá nuevas puertas. Las mujeres, al llegar al sepulcro, encontraron la piedra removida.

En segundo lugar tenemos las puertas del Cenáculo, la habitación donde los discípulos se reunían. Estaban tan llenos de miedo que ponían candados y más candados. También tenemos muchas puertas de esas en nuestra vida. Las construimos nosotros por dentro de nuestro corazón, para que nadie entre a molestarnos. Cerramos la puerta cuando nos negamos por orgullo a pedir perdón; o cuando no queremos tender la mano a los que están al lado; cuando rumiamos en nuestro corazón las ofensas recibidas. Nosotros mismos ponemos puertas que parecen imposibles de abrir, porque tienen muchos cerrojos; pero entonces llega Jesús y se pone en medio, como hizo con los discípulos. Jesús, con su amor resucitado, es capaz también de romper todas esas puertas que los hombres construimos por dentro, prisioneros de nosotros mismos.

Nos ocurre muchas veces que estamos encerrados, que nuestra vida se ha convertido en un callejón sin salida. Hay puertas por fuera y puertas por dentro. ¿Qué hacer? Jesús nos da hoy la solución: Yo soy la puerta. La fe siempre abre caminos, derriba todos los obstáculos, porque yo he vencido a la muerte y tengo todas las llaves. Si estás conmigo nada se te puede poner por delante. Sal fuera, sal de tu sepulcro, sal de la cárcel en que tú mismo quieres encerrarte. En mí encontrarás un camino que recorrer, el camino pascual que lleva a los pastos de la vida.

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