Quinto Domingo de Cuaresma , ciclo A

 

Dios siempre tiene un camino en la manga

Se nos presenta hoy el milagro más impresionante de Jesús: la resurrección de su amigo Lázaro. Imaginen la escena: los judíos siguen a Jesús que se acerca a la tumba de quien llevaba ya varios días muerto. Para asombro de todos, Él grita: “¡Lázaro, sal fuera!” Seguiría un silencio impresionante. ¿Es posible que un muerto escuche este mandato y lo obedezca?

El camino de la Cuaresma toca a su fin, y lo hace planteando la pregunta decisiva. ¿Somos capaces de creer que él vence a la muerte? Es decir: ¿Puede él dar esperanza incluso ante las puertas de la tumba, allí donde la esperanza parece haber desaparecido para siempre?

En el mundo encontramos muchos hombres como Lázaro. Tal vez todavía caminen, respiren, hagan mil cosas. Pero en el fondo están muertos, porque viven sin ningún futuro. Tal vez experimentaron muchos fracasos en su familia, con sus hijos, en su trabajo. Se llevaron desilusiones, les abandonó un buen amigo, les traicionó alguien querido. Y viene la tentación de pensar que el camino está cerrado, que no hay salida.

El evangelio de hoy nos dice que esto no es verdad. Incluso en la noche más oscura, la del sepulcro, puede sonar la voz de Jesús. El mensaje de Lázaro es que siempre hay nuevos caminos, nuevos horizontes; que nunca la noche es tan oscura para impedir que la luz de Dios brille; que el Señor siempre tiene una salida: ¡Lázaro, sal fuera!

¿Qué es necesario para recobrar esa esperanza? Jesús nos lo enseña hoy. En primer lugar, con su total confianza en el Padre. Nosotros solemos dar gracias a Dios cuando recibimos algún bien suyo. Pero Jesús confía tanto en su Padre que le da gracias antes de que Lázaro resucite. Creer en Dios es creer que Él es todopoderoso para dar vida. La verdadera esperanza nace cuando hundimos en Dios nuestras raíces y aprendemos a poner en Él nuestro corazón.

Para hacer eso es necesario escuchar a Jesús: es su voz la que da vida a Lázaro. San Agustín dice que Jesús “gritó a Lázaro con una gran voz, es decir, le llamó con una gran gracia.” Escuchar a Jesús es seguirle, encontrarnos con Él, experimentar su presencia y su amor.

Cuando llegue la Semana Santa aprenderemos de dónde tiene Jesús poder para dar vida a Lázaro: de su propia muerte, de su propio sufrimiento por nosotros. La vida nueva que te regala nace del fondo de su entrega por ti. Entendemos entonces: olvidando nuestro propio interés, entregándonos a Dios y a los hermanos, podemos convertirnos en sembradores de esperanza para aquellos que no tienen salida. Podemos también gritar: “¡Lázaro, sal fuera!”

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