Primer domingo de Cuaresma (ciclo B):

El camino de la Cuaresma está lleno de signos.

Tenemos, por ejemplo, el golpe de pecho con que expresamos el dolor de los pecados: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Podemos pensar en alguien que llama a la puerta golpeándola con fuerza. Tal vez el inquilino se ha dormido y por eso no responde. Cuando golpeamos nuestro pecho es como si sintiéramos moverse nuestro corazón, como si alguien estuviera llamando y diciendo: ¡despierta!

¿Cuál es este sueño de que la cuaresma nos invita a despertar? Vivimos muchas veces la vida como sonámbulos, sin entender qué pasa. Somos caminantes que van de aquí para allá, sin rumbo fijo. Empezamos un sendero pero enseguida nos cansamos; elegimos una ruta pero pronto la cambiamos por otra. La Cuaresma nos dice: despierta, tienes una meta, no puedes quedarte a la vera del camino, dormitando bajo los árboles.

Por eso comenzamos este camino avivando en nosotros la conciencia de la muerte: es el signo de la ceniza. La ceniza representa el polvo del que venimos y al que vamos. Nos olvidamos muy pronto de que somos frágiles, enseguida pensamos que podemos vivir con nuestras propias fuerzas. Recordar la muerte es preguntarnos por el sentido de la vida, por nuestra meta final. Solo los animales viven sin saber que han de morir.

¿Qué podemos hacer, qué solución nos queda, cómo evitaremos convertirnos en polvo? La Cuaresma nos lo enseña: mira a Dios. En el Evangelio Jesús nos invita a hacer como Él, a dedicar tiempo a la oración. ¿Cómo vivimos nuestra misa de los domingos? ¿Encontramos lugar para hablar a Dios durante el día? ¿Vamos a pedirle perdón en la confesión? Solo si nos acercamos a Dios estamos seguros de que no acabará todo en el polvo.

Esto queda claro en la primera lectura, cuando Dios establece su arco iris, otro signo de la Cuaresma. Los signos de la Cuaresma no son solo de tristeza, sino sobre todo de alegría: Dios quiere hacer una alianza contigo, quiere que vivas para siempre. La cuaresma es el tiempo para pensar en nuestro destino eterno. De hecho, el gran signo de la Cuaresma es la muerte de Cristo. La segunda lectura nos dice que Cristo ha bajado ya al lugar de los muertos. También entre la ceniza y el polvo se puede encontrar la salvación, porque el amor de Dios vence a la muerte.

Si sufres, si estás cansado, si te pesa la enfermedad o el trabajo excesivo; si te agobian los defectos de los otros miembros de tu familia o te desaniman tus propios pecados. Entonces la Cuaresma te da una palabra de esperanza. En la Iglesia, el nuevo arca de Noé, podemos caminar hacia la Resurrección.


© 2006 Fr. José Granados, All Rights Reserved