Segundo Domingo de Cuaresma

 

El paso de Dios

La Cuaresma nos prepara a la Pascua, el paso del Señor. Nos descubre así algo fundamental de nuestra vida: Dios está pasando, Dios pasa. Y nos invita a descubrir a este Dios que viene, que está viniendo y quiere cambiar nuestra vida.

La primera lectura nos habla un poco de ese paso de Dios. Se trata aquí del pacto sellado con Abraham. Como era costumbre entre los antiguos, Abraham sacrifica un animal y lo divide en dos. Pasar entre medias significa sellar un pacto para toda la vida. Es como decir: “que me suceda lo mismo que a este animal, partido en dos, si rompo esta alianza.” Lo más sorprendente de este relato es que Dios mismo va a pasar entre los animales. ¿Cómo es posible? ¿No es Dios inmortal? ¿Qué quiere decir su fidelidad hasta la muerte?

El significado de este paso de Dios se revela en el evangelio. Hoy escuchamos la transfiguración del Señor. Jesús habla con Moisés y Elías en la montaña acerca de su éxodo, es decir, de su muerte y resurrección en Jerusalén. Dios es fiel a su pacto y acepta las últimas consecuencias: su amor llega hasta la misma cruz, hasta morir por aquellos que ama, porque se ha hecho uno solo con ellos por el pacto de amor.

Podemos ahora comparar este paso de Dios con la forma en que nosotros pasamos por la vida. Hay muchas formas de pasar. Podemos ser como la nube cargada de agua que pasa por el cielo sin descargar la lluvia sobre los campos. Es agua que pasa, que mira desde arriba con curiosidad, que va de un lado a otro. Muchas veces nosotros pasamos así: nos da miedo sellar ningún pacto en nuestro trato con los hermanos. Pasamos por su cielo, sonreímos, curioseamos un poco, de aquí para allá.

Hay otra forma de pasar: la del agua que desciende a la tierra. Esta agua ha sellado un pacto con los campos: desde el momento en que empieza a descender sabe que no puede volver para atrás. ¿Nos atrevemos nosotros a pasar así por la vida de los demás, sellando pactos de fidelidad con ellos? ¿O preferimos un amor débil, como el de la nube que no se decide a descender a la tierra?

Solo si el agua baja se hace fecunda. Pasa, pero pasa como el río que siembra a sus márgenes una frondosa vegetación. Cae al suelo pero vuelve a subir a las cimas de los árboles, y ahora está llena de vida y fruto. En esta Cuaresma queremos aprender a pasar por la vida de esta forma. Que cada paso sea una alianza: con nuestros hijos, esposo, padres... El amor contiene siempre una gran promesa de felicidad. Nos hace movernos, caminar. Pero tenemos que saber dar los pasos con acierto. Solo si este camino sella una alianza, es verdadero amor. Si tenemos miedo de dar este paso, pidamos fuerza a Jesús y sigámosle. El ha abierto el camino en primer lugar, nos muestra que esta es la mejor manera de pasar por la vida.

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